
Mitología y Religión
Los taínos
creían en un Ser Supremo y Protector al que llamaban Yúcahu Bagua
Maócoti, cuya madre fue Atabey, Madre de las Aguas y Protectora de las
parturientas, pero en sus creencias mitológicas concebían otras
divinidades o cemíes que habitaban en el cielo, nombrado Turey,
relacionándolos con los fenómenos atmosféricos, la creación de la Tierra
y del género humano.
Entre sus más
importantes relatos mitológicos están los de la creación del sol y de la
luna que salieron de una cueva, llamada Mautiatihuel, donde habitaban
dos cemíes hechos de piedra que eran Boínayel y Márohu, considerados
dioses protectores y a los cuales se invocaba cuando no llovía.
Los taínos
creían que después de muertos los hombres iban a un lugar sagrado
llamado Coaybay y que sus espíritus, llamados opías, estaban recluídos
durante el día y en la noche salían de manera placentera a comer del
fruto de la guayaba (Psidium guajava).
En términos
religiosos, el taíno fue animista, politeísta, creyente de la vida de
ultratumba, totémico y fetichista. En su producción artesanal y en el
grafismo pictórico están presentes esas creencias.
Los sacerdotes
llamados behíques tenían mucha influencia sobre la población en general,
ya que ellos tenían un doble poder; como intermediarios entre los dioses
y los hombres, y como médicos o curanderos. Sin embargo, la religión en
sí estaba en poder de los hombres, correspondiéndole al cacique el ser
jefe, guerrero y religioso al mismo tiempo. Una de las creencias más
generalizadas era el cemitismo, representado por ídolos o cemíes,
considerados como dioses tutelares. Cada cacique o jefe tribal tenía un
cemí particular, aparte de que existían cemíes que eran aceptados como
bienhechores por los diversos grupos clánicos. Estos ídolos estaban
representados en diferentes formas y fabricados con diversos materiales:
piedra, barro, madera, hueso, concha y hasta de algodón.
Entre los
cemíes mas aceptados estaban las "piedras de tres puntas" o trigonolitos,
relacionadas con sus rituales propiciatorios de la fecundidad, tales
como la productividad de los conucos y la reproducción del género
humano.
El trigonolito
es una pieza sumamente especializada en cuanto al área en la cual se ha
encontrado hasta el momento con mayor frecuencia. La costa este de La
Española y las costas del oeste de Puerto Rico han sido los lugares
donde se han encontrado en cantidades apreciables estas piezas.
En cuanto al
animismo, el taíno creía que los espíritus de los muertos podían tener
sus moradas en los árboles. Creía percibir la presencia de éstos cuando
se producían movimientos de las ramas o ramificaciones especiales de las
raíces. Cuando ello ocurría, el behique o sacerdote buscaba interpretar
los deseos que los muertos querían manifestar, según la creencia. Por
otra parte, una práctica ritual muy importante lo era la de la cohoba, a
través de la cual se buscaba obtener los mensajes cemíticos.
El ritual de la cohoba
Entre los
taínos, la principal ceremonia religiosa fue la cohoba en la cual,
mediante la inhalación de unos polvos alucinógenos, el cacique o behique
entraba en un estado de trance creyendo comunicarse con sus dioses o
espíritus a los que invocaba pidiendo ayuda y protección.
Antes de entrar
al templo los taínos se introducía en la boca una espátula con la
finalidad de vomitar, purificándose interiormente, para así evitar los
efectos de indigestión que podrían producir los elementos tóxicos que
contenían los polvos de la cohoba.
El polvo
alucinógeno empleado en la cohoba era colocado sobre un plato de
ofrendas que generalmente tenían los ídolos tallados sobre la cabeza (cemíes
de la cohoba, como el que aparece arriba), desde donde los oficiantes lo
inhalaban mediante unos cañutos en forma de Y.
Los
participantes en esta ceremonia se decoraban el cuerpo para la ocasión
y, al entrar al reciento, eran recibidos por el cacique, quien tocaba el
mayohabao o tambor de madera, sentándose luego en cuclillas en torno al
cemí ante el cual se practicaba el ritual.
Al presidir
esta ceremonia de la cohoba, al igual que los juegos de pelota y otras
festividades, los caciques, junto a los demás señores principales,
empleaban para sentarse unos banquillos, hechos de madera o piedra,
llamados duhos.
El tabaco
El tabaco ocupó
un sitial muy importante en la sociedad taína, asociándolo a sus
ceremonias rituales y a sus prácticas mágico-curativas.
Al parecer, por
sus propiedades embriagantes y aromáticas, el tabaco en forma de rapé
fue uno de los componentes de los polvos alucinógenos inhalados en las
cohobas.
Los indígenas
usaron igualmente el tabaco por placer y para mitigar el cansancio del
cuerpo en las largas caminatas que frecuentemente hacían.
Para ello, en
las proximidades de sus casas, cultivaron con esmero las plantas de
tabaco (Nicotiana tabacum) cuyas hojas secaban para hacer unos rolletes
alargados que los indios fumaban constantemente.
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